El fuego quemaba mi cuerpo y la temperatura de la habitación comenzaba a fastidiar.
Me quedo sentado sin hacer nada, me quedo durmiendo, sin abrir los ojos, sin respiros ni suspiros.
Una idea aparece a lo lejos, una idea fresca, tenue, la idea de la libertad se aparece por la ventana.
El aire fresco y el sol reluciente me invitan a escaparme de éste lugar.
Yo, aquí, sin hacer nada.
La libertad no obtenida, la libertad añorada; envidio a los libres, envidio a los que no están aquí.
Sin soportar más este calor infernal, me dispongo a soñar, que soñar es lo más cercano a la libertad.
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