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A éste mi blog sean ustedes bienvenidos. Aquí publico mis trabajos y (también) la música de mi agrado que les compartiré.
Espacio dedicado a un entrenimiento diferente.

martes, 10 de julio de 2012

Una vez desperté

Una vez que desperté levanté mi cabeza del vientre de aquella mujer recostada sobre el pasto azul. Nos encontrabamos solos en la pradera que se convertia en un mar reflejando la noche que mantenia los ultimos suspiros del día, aquel día... Lleno de nubes que bajan y de personas que suben.
Recuerdo que caminaba entre cientos de flores y sombras, flores que ardian y sombras que deslumbraban; me sentía tan cómodo que decidí dejarme llevar por el viento y ahí estaba ella... Bailando entre los gritos, sonriendo tímidamente, olcutando su mirada en el horizonte y con una lagrima que humedecía su fragil mejilla.
Su figura delgada que me recordaba a las tardes en el campo de treboles rojos, amarillos, verdes, anaranjados, pero no azules. Me acerqué a ella hasta donde más podría acercarse un mortal a lo prohibido. La tomé de la mano y nos miramos fijamente, la cuidé mientras navegabamos en aquel río de caos fermentado. 
Nos volvimos inseparables, era como una necesidad, una dependencia, un vicio que no puedes vivir sin el. ¿Como el amor? mas bien como el dolor...
 Su sencillez aplastó mi ego y su sonrisa apuñaló mi mente. Pensamientos que se convertían en humo, ideas que volaban como pajaros atormentados en busca del sol en medio de la noche, levantate, levantate, ven, ven, camina, camina, a, a, mi, mi, lado, lado.
No nos importaba el mundo, solo éramos dos en él, todo para nosotros y nada para nadie. Caminamos durante días completos y encontramos la tierra del pasto azul, donde crece la felicidad de los arboles, las estrellas florecen en la tierra y volaban en el cielo, entre nube y nube de sentimientos encontrados, aquel lugar de lluvia fosforecente y cielos de varios colores pero no azules.
En medio de la pradera mágica, en medio del mar que reflejaba la noche que mantenía los ultimos suspiros del día; encontramos una isla donde florecian mas acciones que palabras, donde no existia el tiempo, donde decidimos acostarnos para ver volar las estrellas, verlas como se roban las ilusiones de los sueños y los sueños de los tontos. Acostados nos miramos fijamente a los ojos y tomados de la mano, suspiramos y el silencio nos ensordecía. Le dije que la amaba, ella me dijo que me habia soñado alguna vez. Yo le dije que ya no es solo un sueño. Solamente recosté mi cabeza entre su vientre y cerré mis ojos escuchando cómo las aves seguian buscando el sol.